8 dic 2010

La derrota

Cuando era niño recibió un golpe y se hinchó, volviéndose más resistente y frágil a la vez. Con el paso del tiempo observó que con cada golpe, volvía a ocurrir lo mismo, y así se iba hinchando más y más. De esta forma el niño protagonizó grandes cambios y se fue convirtiendo en lo que es hoy: un adulto, o si se lo quiere ver así (no es fácil), un niño hinchado por los golpes.

Creo que de lo hinchado tiene un aspecto muy adulto, es decir muy golpeado y triste, pero decir adulto es mejor para los oídos de la gente.

La adolescencia finaliza paralelamente a las esperanzas de realizar nuestros sueños. Cuando el fracaso es evidente y no queda otra opción uno se rinde, se rinde ante la monotonía de cada día. Es esto lo que muchos llaman madurez, haberse rendido ante lo que se cree que no es posible, aceptar lo que nos ha vencido, conformarse con lo que se ha ganado a lo largo de la vida y conocer en qué se ha perdido. Comienza entonces la etapa adulta, llena de desilución y desesperanza, pero sobre todo llena de nada.

Y como la vida es tan poderosa nos regala años, nos regala tiempo. Pero como la vida es tan poderosa nos derrota. El tiempo que nos da le ayuda a presumir de su poder y de su victoria, habiendo tenido siempre la certeza de vencer. La clave de su éxito es algo compleja, lo que la hace tan poderosa son las cosas que nosotros mismos vamos perdiendo en el camino.

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